28 noviembre 2021



LA CASA DE TÍA SARA


La brevedad de la casa de tía Sara, simboliza la arquitectura de lo hermoso, donde cada espacio está ocupado por elementos sobrios y exactos de una precisión artística. 

Se necesita estar ahí para sentir una sensación distinta de placer, que fascina por el buen gusto del detalle, pero ¿que somos nosotros sino seres que se alimentan de imágenes y emociones?.

El artista es un ser que no crea para los demás, mentiría si lo hiciera, es una alma que construye y que comunica lo que lleva dentro, y se vuelve importante para nosotros el día que nos enamoramos de su obra, porque hay empatía y afinidad; el artista no lo es por decisión propia, está destinado a serlo, y se da cuenta por otros. 

Cuando conocí la casa reforcé la teoría que he sostenido por muchos años: primero somos visuales, después auditivos, la primera impresión marca la pauta, esa es mi tesis, la comunicación no verbal nació antes que las palabras, ese poderoso lenguaje que habla de nosotros como una extensión de nosotros mismos. 

Es tan contundente ese lenguaje porque nos crea escenarios y juicios, porque hasta el carro sin lavar está “hablando” por nosotros, todo comunica, todo "habla" por nosotros, y nos hacemos juicios de valor que otorgamos a las cosas y a las personas, algo que no podemos evitar porque lo que vemos ya nos comunicó algo, entonces formulamos una historia que muchas veces se aleja de la realidad.

Pues bien, en la casa de tía Sara, se conjugan los colores y las formas, los detalles y la depuración de los elementos que sobran y que hacen la diferencia entre el orden y los espacios. 

Los gringos sacrifican mucho los espacios para embellecer y nos enamoran con sus arquitecturas perfectas de forma y color, y todo está pensado para satisfacer el elemento de lo visual, pero ellos tienen años estudiando el comportamiento humano.

Yo encuentro algo extraordinario en esa casa que te lleva de inmediato a una conexión.

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