10 marzo 2016



Ajustes


Ayer se vivió la segunda tanda de cambios en un gabinete que llegó a parecer intocable, inamovible. Y se dio en áreas estratégicas para el gobierno mexicano en los tiempos que atraviesa, debido a los bajísimos precios del petróleo en el mundo. Lo de ayer se lee, evidentemente, en ese sentido: Poner orden en la empresa que durante años fue la principal generadora de ingresos para el gobierno mexicano: Pemex. Y aunque hemos logrado la despetrolización de la economía mexicana, lo cierto es que con la aprobación de la Reforma Energética habrá una inyección importante en el sector para levantar a una industria que, sabemos, no está en su mejor momento y, además, Pemex tendrá que cumplir con todos los requisitos necesarios de las empresas con las que piensa asociarse.

Un sector que necesita recursos, inversiones y una estrategia de operación distinta a como se había venido manejan. De ahí la importancia de la promulgación de ésta reforma. La salida de Emilio Lozoya Austin se da justo cuando el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, decide con la misma certeza de sus anteriores decisiones, gracias a las cuales México ha podido sortear mucho mejor que otras economías los golpes financieros resentidos a nivel global. Le guste o no admitir a un sector de la comentocracia, las medidas adoptadas hasta hoy han permitido que nuestro país esté aguantando un piano. Por lo que ayer anunció que se hará un recorte preventivo al gasto público. Los primeros movimientos serán justo en Pemex. Se comienza así con la renovación de la dirección. Con los precios del petróleo que le hacen la par al dólar, que ayer estuvo en ventanillas bancarias en 19 pesos, lo que significa la baja más significativa en años, se le suman también recortes presupuestales, un régimen fiscal riguroso y una lista de desastres en plataformas petroleras que sólo han significado pérdidas para el sector.

A Lozoya lo sucede José Antonio González Anaya, quien fungiera como director del IMSS, mismo que recibió en números más que rojos, y logró sacarlo de una crisis financiera que parecía no tener fin. Logró sanear sus finanzas, misma encomienda que tendrá ahora en Pemex. Además, durante su gestión se redujeron los trámites, lo que permitió que la afiliación voluntaria creciera; así como la utilización de las recetas resurtibles, que ayudó a la liberación de siete millones de consultas que, por ejemplo, también sirvió para reducir en 90% las quejas por desabasto de medicamentos. O el alquiler de ambulancias que generó importantes ahorros en el mantenimiento de unidades. González Anaya es un funcionario de primera, inteligente, honesto y sumamente eficaz. Por algo el gobierno lo pone al frente de Pemex en tiempos complicados. Si de algo conoce es de números, y la mejor manera de ponerlos en orden.

A la salida de González Anaya, quien llega  a sustituirlo es Mikel Arriola, el hombre que despachara en COFEPRIS. No obstante, ahora llega a un IMSS infinitamente más sólido que hace cuatro años. Ojalá así lo conserve. Por otro lado, también se anunció la salida de Mercedes Juan, quien despachó en la Secretaría de Salud (mala noticia porque deja sólo a dos mujeres en el gabinete de Peña Nieto). Su lugar será ocupado por el exrector de la UNAM, de quien ya se decía algún tiempo sobre su integración al equipo de Peña Nieto.

Movimientos como éstos son necesarios en tiempos difíciles; hay que mover piezas que está comprobado que funcionan, que resuelven y que dan resultados, ponerlas en donde hacen falta, es una estrategia que augura mejores tiempos para, en este caso, un sector tan golpeado como el energético.

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